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Opinión de Política en México

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    Posted 21 Oct 2012, 08:00 by Meriposa World
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    Posted 9 Sep 2012, 15:51 by Meriposa World
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Se propone SRE a impulsar más que seguridad en relación con Estados Unidos

posted 27 Jan 2013, 14:26 by Meriposa World   [ updated 27 Jan 2013, 14:27 ]

Un nuevo presidente mexicano, un nuevo periodo del presidente estadounidense Barack Obama y una relación bilateral añeja y compleja enmarcan la situación desde la cual el nuevo subsecretario para América del Norte buscará concretar el relanzamiento de la relación de México con su vecino y principal potencia mundial.

Con seis días en el cargo, el subsecretario Sergio Alcocer Martínez de Castro anuncia que la agenda bilateral del gobierno de Enrique Peña Nieto impulsará temas más allá de la seguridad, el crimen organizado, el narcotráfico y el tráfico de armas.

"Se relanza esta relación. Lo que queremos es darle mucho más énfasis a este tipo de temas: de competitividad, de mejores empleos; más y mejores becas, más y mejores intercambios científico y tecnológicos de desarrollo de proyectos conjuntos.

"La relación con Estados Unidos no es únicamente una relación de seguridad, es una relación que pasa por los temas económicos, de intercambio comercial. Es una agenda positiva, que contribuya y que mejore la imagen de nuestro país en el exterior", detalla.

Sobre la defensa de los migrantes mexicanos y el rol que asumirá el gobierno peñista, el funcionario anuncia que se dará seguimiento al tema, y precisa que la estrategia será destacar el papel que los migrantes tienen para la economía de Estados Unidos.

"Para México los migrantes son la mayor prioridad. Sobre la reforma migratoria, este es un tema de competencia estrictamente interna de Estados Unidos, por supuesto que nos interesa. Es un tema que vamos a acompañar... nos interesa que el debate se dé de manera informada, objetiva, que los hechos bajo los cuales se discutan las propuestas o la propuesta de reforma migratoria estén debidamente fundados", destaca.

Atentos y respetuosos

Una vez concluidas las administraciones panistas que dejaron para el anecdotario de la relación bilateral algunas frases y episodios como la de "la enchilada completa" de Jorge Castañeda, Wikileaks y la salida del embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, el subsecretario ofrece una nueva etapa, en la que se busca privilegiar la coordinación de todas las dependencias que tengan trato con América del Norte.

"El mandato que tenemos del señor Presidente, y que está expresando el canciller, es el de la articulación. Uno de los pilares de la conducción de la política exterior de México es el apoyo a la política interior y, justamente, el trabajo de Relaciones Exteriores de coordinar y conducir esta política exterior con sus expresiones de toda la administración se refleja en esta coordinación", precisa.

El mismo Enrique Peña Nieto, el 27 de noviembre de 2012, como Presidente electo en ese momento, visitó en Washington al presidente Barack Obama, a quien ofreció personalmente replantear la relación y abrir nuevas oportunidades en la agenda.

Alcocer, quien ya fue subsecretario por casi cinco meses con José Antonio Meade cuando éste fue secretario de Energía, reitera que la instrucción es estar atento y respetuoso a lo que haga el gobierno estadounidense en materia de reforma migratoria, de venta de armas o de lavado de dinero, todo ello sin intromisiones en la política interna estadounidense.

También informa que desde la Cancillería estarán pendientes de los acuerdos que se logren para evitar el llamado "abismo fiscal" en Estados Unidos.

"Es un tema de solución interna de los Estados Unidos que obviamente estaremos dándole seguimiento, estaremos muy atentos", resume.

Oportunidad sin reuniones

Ingeniero civil sin experiencia previa en el sector diplomático, Alcocer presume que por el inicio de dos administraciones se abren ventanas de oportunidad.

Y aunque considera que es un "momento histórico" que debe aprovecharse, admite que en este año sólo se tiene prevista una reunión del presidente mexicano con el mandatario estadounidense, la cual se concretaría en la Cumbre de Líderes de América del Norte a realizarse este 2013 en México, aún sin fecha definida.

"Se está valorando en función de darle contenido importante a la agenda. El presidente Obama está reiniciando con un nuevo gabinete, que tiene que ser ratificado por el Senado y esto va a tomarle tiempo. Está el tema del Precipicio Fiscal y no creo que el Presidente quiera estar un minuto fuera de Washington mientras esté esta discusión", añade.

Conózcalo

Nombre: Sergio Alcocer Martínez de Castro.

Cargo: subsecretario para América del Norte.

Profesión: ingeniero civil, UNAM; doctor en ingeniería, Universidad de Texas.

Trayectoria: investigador del Centro Nacional de Prevención de Desastres; director del Instituto de Ingeniería de la UNAM, 2004 2007; secretario general de la UNAM, 2007-2011. Subsecretario de Planeación Energética, Sener, mayo 2011 a enero de 2012. Vicepresidente de la Academia Mexicana de Ingeniería y coordinador de Innovación y Desarrollo de la UNAM, en 2012.

Por Octavio Ortega, Periódico Reforma, 27 de Enero del 2013

Mueren 23 personas al día por desnutrición en México: INEGI

posted 27 Jan 2013, 13:57 by Meriposa World   [ updated 27 Jan 2013, 14:04 ]

Todos los días, 23 mexicanos mueren en el país a causa del hambre y la desnutrición... casi uno por hora.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, entre los años 2000 y 2011, más de 102 mil 568 personas perdieron la vida por deficiencias nutricionales, un promedio de 8 mil 547 anuales.

Desde 2004, la desnutrición representa la décimo tercera causa de muerte en el país.

Los más afectados, según el Inegi, son los adultos mayores y los niños: el 75 por ciento de las defunciones se concentran entre personas de 65 años y más; mientras que el 7 por ciento ocurren en menores de un año.

Las 10 entidades que más muertes registraron fueron el Estado de México, con 10 mil 820; Veracruz, 8 mil 589; Oaxaca, 8 mil 30; Puebla, 8 mil 11; Jalisco, 7 mil 376; Guanajuato, 6 mil 579; Distrito Federal, 4 mil 873; Michoacán, 4 mil 495; Chiapas, 4 mil 445, y Guerrero, 3 mil 503.

Ésta es la peor consecuencia del hambre que padecen más de 21 millones de mexicanos que viven en pobreza alimentaria, según el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social.

Definida por la FAO como el resultado de "una prolongada ingestión alimentaria reducida y/o absorción deficiente de los nutrientes consumidos", la desnutrición afecta a entidades con regiones de altos niveles de marginación, como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla y Veracruz, pero también a estados como Jalisco, el Distrito Federal, Guanajuato y el Estado de México.

Según la organización Un Kilo de Ayuda, la prevalencia de desnutrición crónica en población infantil es del 12.5 por ciento, pero se eleva al 37.4 por ciento cuando se calcula entre población infantil indígena.

Las consecuencias de la desnutrición, según la misma organización, pueden ser el retardo en el crecimiento y el desarrollo psicomotor, disminución en la capacidad de trabajo físico y en el desempeño intelectual en la edad escolar, y la propensión a enfermedades como obesidad, diabetes, hipertensión, dislipidemias e incapacidades.

A pesar de estas estadísticas, en los últimos seis años los programas destinados a reducir el hambre y la desnutrición no han registrado incrementos presupuestales sustanciales.

Actualmente existen seis estrategias gubernamentales destinadas de manera específica a combatir ambos padecimientos: Abasto Social de Leche, Abasto Rural, Desayunos Escolares, Atención a Jornaleros Agrícolas, Oportunidades –en sus componentes salud y desarrollo social– y Apoyo Alimentario, operados por Diconsa, Liconsa, las secretarías de Desarrollo Social y Salud, y el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia.

El presupuesto de estos seis programas aumentó sólo un 11 por ciento en el último sexenio, al pasar de 24 mil 404 millones de pesos en 2007 a 27 mil 129 millones de pesos en 2012.

En términos generales, los programas de combate al hambre y la desnutrición representaron el 15 por ciento del presupuesto total destinado en 2007 para el combate a la pobreza; mientras que en 2012 representaron sólo el 8.5 por ciento.

Programas como Apoyo Alimentario y Oportunidades redujeron sus recursos de manera importante en el ejercicio fiscal 2012. En el primer caso, la bolsa bajó de 2 mil 587 millones de pesos en 2011 a mil 796 el año pasado. En el segundo caso, decreció de 37 mil 606 millones a 18 mil 467 millones en el mismo lapso de tiempo.

Los datos indican que, además de las defunciones por desnutrición, el porcentaje de la población que padece hambre o tiene acceso limitado a alimentos sanos y nutritivos aumentó.

Según informes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, entre 2008 y 2010 este sector se incrementó de 23 millones 790 mil personas a más de 28 millones.

El estado con el mayor número de personas con acceso limitado a los alimentos es Veracruz, en donde más del 42 por ciento se encuentra en esta situación. Le siguen Tabasco, con el 33 por ciento; Estado de México, 32 por ciento; Campeche, 31 por ciento, y Chiapas, 30 por ciento.

Crisis alimentaria

El avance del hambre y la desnutrición en México se ha dado en el marco de un estancamiento en la producción de alimentos básicos y el encarecimiento de los mismos.

Cifras del Inegi reportan que, entre 2000 y 2011 –dato más reciente–, la producción de frijol se redujo de 887 mil 868 toneladas a 567 mil 779; mientras que la de maíz pasó de cerca de 17 millones 557 mil toneladas a poco más de 17 millones 635.

Otro factor que dificultó el acceso de la población a los alimentos fue el incremento en el costo de la canasta básica, el cual aumentó, en promedio, 9 por ciento en el último año.

Según el Coneval, su precio para el sector rural fue de 755 pesos mensuales por persona en 2011; para 2012 fue de 823 pesos.

Para el ámbito urbano se incrementó de mil 67 pesos mensuales por persona a mil 158 pesos en el mismo periodo.

Con ello, el número de personas ubicadas por debajo de la línea de bienestar mínimo aumentó cuatro millones.

La última medición de la pobreza indica que en 2008 existían 43 millones 800 mil personas cuyos ingresos no les permitían acceder a una canasta básica aún cuando invirtieran todos sus recursos en ello. Para 2010 –dato más reciente– la cifra rebasó los 48 millones de personas.

La Cruzada

Al tomar protesta como Presidente de la República, Enrique Peña Nieto anunció 13 decisiones que –dijo– implicarán mover "lo que se tenga que mover" para transformar a México.

Una de ellas fue un plan para combatir el hambre, cuyo plazo para ser presentado vence el 29 de enero.

"Estamos en pleno Siglo XXI. México ha logrado avances en diversos sectores, pero es indignante, es inaceptable que millones de mexicanos padezcan aún de hambre. Lograr que las familias mexicanas tengan un piso básico de bienestar será la prioridad, el principio elemental de mi política social. He dado instrucciones a la Secretaría de Desarrollo Social para que ponga en marcha en los próximos 60 días la Cruzada Nacional Contra el Hambre".

Por Martha Martínez, Periódico Reforma, 27 de Enero del 2013

Amnesia Histórica... Ineficacia Política, por Javier Garciadiego

posted 6 Jan 2013, 07:09 by Meriposa World   [ updated 6 Jan 2013, 07:33 ]

El futuro de la democracia va a depender de que los ciudadanos actuemos como demócratas

Aún resuenan los reclamos de muchos políticos, intelectuales y periodistas, pronunciados al unísono en 2010 contra lo que percibían como falta de contenido en las conmemoraciones históricas de aquel año. La mayoría de esas estentóreas voces tenía una sensibilidad histórica efemerística, coyuntural, y veía la historia del país no como un proceso sino como el producto de dos momentos épicos fundacionales. Evidentemente, aquellas voces tenían una conciencia histórica epidérmica y amnésica. Atentos sólo al 2010, pronto olvidaron que la Historia es un proceso continuo, que no procede a saltos y que para comprenderla no conviene sólo recordar los grandes cumpleaños. Para comenzar, olvidaron las conmemoraciones del 2011: no el estallido sino el triunfo de la Revolución, reconocido a finales de mayo de 1911 en los llamados Tratados de Ciudad Juárez; y al revés, no el inicio de la guerra de Independencia pero sí el fracaso del movimiento encabezado por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende. También se cumplieron 100 años del Plan de Ayala (noviembre de 1911) y 150 del decreto de Benito Juárez en favor de la moratoria que provocó la Intervención francesa.

Para decirlo rápido, se perdió la oportunidad de repensar sobre las lecciones que nos dejaron estos procesos. Entre muchas reflexiones, la caída de Porfirio Díaz y el triunfo de Francisco I. Madero nos recuerdan que no hay aparatos gubernamentales invulnerables, por fuertes que parezcan, y que todo movimiento sociopolítico, por débil e inexperto que sea, puede crecer y fortalecerse. A su vez, la derrota y muerte de Hidalgo y de los demás líderes Insurgentes son prueba de que los más carismáticos y justos movimientos sociales suelen ser vencidos si carecen de la estructura adecuada y de un liderazgo atinado. La promulgación del Plan de Ayala ratifica la aseveración de que los reclamos políticos carecen de atractivo popular si no se combinan con demandas sociales, pero también demuestra que casi todos los reclamos sociales tienen insalvables límites sectoriales y territoriales. Por último, toda reflexión sobre la moratoria de julio de 1861 nos advierte contra cualquier tipo de desorden en las finanzas de un país y contra el incumplimiento de los compromisos internacionales: en el siglo XIX, el costo era una intervención militar extranjera, y la que México padeció se prolongó por cinco años; en el siglo XXI, el costo suele ser quedar excluido de los programas de financiamiento internacional.

Acaba de concluir el 2012 y tampoco reflexionamos suficientemente sobre las principales efemérides del año. Destacaban cuatro o cinco, pero sobre todo el 150 aniversario del triunfo sobre el ejército francés, ocurrido a principios de mayo de 1862 en Puebla. 

Cierto: el gobierno estatal poblano y la Secretaría de la Defensa Nacional organizaron sendos festejos. Sin embargo, poca atención –por no decir nula– se puso a una negociación diplomática exitosísima, bien diseñada y mejor ejecutada: los Convenios de La Soledad, mediante los cuales el secretario de Relaciones Exteriores de Benito Juárez, Manuel Doblado, logró que las fuerzas ocupantes de España e Inglaterra se reembarcaran rumbo a Europa, dejando a Francia sola, y sobre todo deslegitimada, pues quedó claro que sus objetivos estaban muy lejos del simple cobro de su deuda. La lección es obvia: en una guerra resulta fundamental una estrategia política que, sin violencia, reduzca las fuerzas contrarias.

También el año recién concluido debimos haber reflexionado sobre otras efemérides. Muchos políticos y analistas sostienen que los principales problemas del país son la violencia criminal y la deficiente educación, pública y privada. Hace unos meses –en septiembre– se cumplieron 100 años del fallecimiento de Justo Sierra, creador en 1905 de la Secretaría de Instrucción Pública. 

Sierra se planteó dos retos inmensos y dedicó toda su vida pública a superarlos: ¿cómo pudo ser que durante nuestros primeros 85 años de vida independiente ningún gobierno, fuera centralista o federalista, liberal o conservador, consideró que la Instrucción era un tema prioritario, merecedor siquiera de una oficina gubernamental que la atendiera? ¿Cómo pudo ser que no tuvimos una universidad durante el siglo XIX, el llamado "siglo de la ciencia"? Sierra hizo todo lo que pudo para remediar estas ausencias, pero aun así el país padece rezagos seculares en materia educativa. Es imprescindible ponernos al día, construir un sistema educativo adecuado al siglo XXI, que contemple todos sus niveles, desde la educación de párvulos hasta el posgrado, e incluso la llamada educación "continua", postescolar, para adultos mayores; un sistema atento a los asuntos cuantitativos y materiales, así como a los estrictamente intelectuales; un sistema consciente de que el mexicano del siglo XXI requiere de varias herramientas cognoscitivas: tecnológicas, científicas, lingüísticas y culturales; un sistema educativo, en fin, que se base en la dignidad y la capacidad de sus profesores, y en las posibilidades y potencialidades de los alumnos.

Mantengámonos todavía en el 2012 y recordemos que se cumplieron 100 años de la instalación de la XXVI Legislatura, célebre por haber sido la primera –en ese siglo– independiente frente al Poder Ejecutivo, y la primera con una composición plural y diversa en términos político-ideológicos. El triste final de esa legislatura –disuelta en octubre de 1913 por Victoriano Huerta, luego de haber aceptado masivamente las renuncias de Madero y José María Pino Suárez– nos hace ver que no son suficientes aquéllas sus dos características distintivas. El Poder Legislativo tiene otras funciones y otras responsabilidades en el aparato gubernamental; otra naturaleza y otra legitimidad, pero su finalidad última no es sólo la de contraponerse al Ejecutivo. Ambos poderes deben llegar a acuerdos, hacer que sus previsibles diferencias resulten incluso enriquecedoras. Así hoy, para la impostergable reforma al sistema educativo, ésta debe ser un compromiso de todo el Estado mexicano, con una normatividad bien precisa, y no sólo conforme al anhelo del responsable en turno de la Secretaría de Educación Pública, apoyado en instrumentos jurídico-políticos de fuerza limitada. Pero recuérdese: la evaluación final al Poder Legislativo no debe depender de su pluralidad o de su contraposición al Ejecutivo, sino de sus aportaciones legislativas.

Por último, en abril se cumplieron 40 años de la muerte del fundador del PAN, Manuel Gómez Morin, fallecido en abril de 1972. No percibí mayores ejercicios conmemorativos y reflexivos en la institución partidista fundada por él. Seguramente ésta se encontraba concentrada en las campañas electorales y no tuvo tiempo de reflexionar sobre sus propuestas en favor de la democracia y del imprescindible uso de conocimientos técnicos para resolver los problemas económicos y sociales del país, cuya solución es imposible sólo con buenas intenciones. Aunque seguramente no era oportuno para dicho partido organizar unas jornadas autocríticas al inicio del proceso electoral, hoy parece no sólo pertinente sino hasta obligado: ¿cuánto del ideario original sigue vigente? ¿Tienen sus dirigentes y militantes de hoy los valores y la capacidad profesional que tuvieron los de ayer, y los de antier? ¿Es válido ser liberal en política y economía, pero no serlo en los temas sociales y culturales? Sobre todo, en una época en la que la alternancia es un hecho irreversible que obliga a saber gobernar y a saber ser oposición, es deber de ese partido ser capaz en ambas funciones. Su dilema fundamental es: ¿cómo recuperar el aprecio y la confianza del electorado?

¿Es vulnerable nuestra democracia?

Ubiquémonos en el 2013. Como todos los años, todos los países del mundo tienen varias efemérides que obligan a su respectiva conmemoración. Pensemos en las nuestras: se cumplirán en noviembre 200 años de que el Congreso de Anáhuac, convocado por José María Morelos, promulgara en Chilpancingo el Acta solemne de la declaración de la independencia de la América Septentrional. En un alarmante proceso regresivo, 50 años después, en julio de 1863, la Asamblea de Notables, mayoritariamente mexicanos, acordó que en México debía prevalecer la forma de gobierno monárquico, y que la corona debía ceñírsela un monarca europeo y católico. Dicha conclusión suponía no sólo el fracaso, hasta entonces, de la forma republicana de gobierno, sino el de la incapacidad congénita de toda la clase política mexicana. Como si no fuéramos capaces de contar con un gobernante nuestro, éste tenía que ser importado del otro lado del mar.

A mi modo de ver, la efemérides más cercana a nuestro presente es la que deberá suscitar las mayores reflexiones. Pienso, claro está, en el inminente centenario de la Decena Trágica, de febrero de 1913. Los desdichados hechos son suficientemente conocidos y, por lo mismo, innecesariamente resumibles. Su primera lección ya está en la mente de muchos mexicanos: en ciertas condiciones, los procesos democratizadores son reversibles. ¿Cuáles serían hoy dichas condiciones? ¿Cuán vulnerable es nuestro proceso democratizante, nuestra llamada transición? ¿Dónde se esconden, de haberlas, las peores amenazas?

La Decena Trágica tuvo dos grandes protagonistas colectivos: por un lado, varios miembros del antiguo régimen, políticos y militares, decididos a recuperar el poder; por el otro, un gobierno conformado por elementos nuevos, inexpertos y divididos entre sí. Había un tercer grupo, el de los sectores populares, que iniciaba su ascenso en la vida pública nacional, pero estaba todavía poco integrado; más aún, estaba en proceso de definición. Cualquier identificación con el momento actual sería groseramente errónea, aunque pueden aventurarse algunas similitudes. No hay sector alguno de la actual clase política que pueda identificarse con aquel sector del antiguo régimen porfirista: hoy el Ejército Nacional es una corporación muy institucional pero sin mayores capacidades gubernamentales y carente de la confianza y el prestigio, imprescindibles para gobernar.

No: hoy los riesgos de una regresión antidemocrática no se encuentran en el sector castrense. Tampoco están en el sector internacional, en nuestro caso en alguna antihistórica pretensión del gobierno estadounidense. Hoy nuestros predicamentos se ubican en toda la clase política. Para comenzar, es preciso que las tres principales fuerzas partidistas colaboren en la resolución de los mayores problemas nacionales, sin que ello implique la desaparición de sus diferencias programáticas. Sobre todo, el futuro de nuestra democracia depende de que los ciudadanos mexicanos actuemos como demócratas, del cuidado que demos a nuestra joven tradición democrática y del mejoramiento de nuestras instituciones políticas, sociales, educativas y culturales. El problema de Madero fue que quiso introducir la democracia en un país sin ciudadanos y sin instituciones democráticas. Ni siquiera había auténticos partidos políticos, lo que acaso explique la triste actuación de la XXVI Legislatura durante el Cuartelazo. Así se hizo evidente que el país no estaba listo para la democracia, a pesar de lo asegurado por Díaz al periodista Creelman.

Hace decenios que ya lo estamos; es más, desde hace tres o cuatro decenios estamos transitando por el inacabado proceso de construcción de nuestra democracia. En política, muchas veces los triunfos embriagan y las derrotas aleccionan. También es cierto que en ocasiones los triunfos fortalecen y dan confianza, legitiman, y que las derrotas amargan, enturbian la mirada y estrechan el horizonte. El país necesita que en el PRI que recuperó el poder federal predomine la lección sufrida sobre cualquier afán revanchista y que su vieja experiencia gubernamental se combine y enriquezca con su reciente experiencia oposicionista.

La perspectiva historiográfica dominante en la explicación de la Decena Trágica ha sido maniquea. Se concentra en la maldad del grupo golpista sin considerar las responsabilidades en las que incurrió el gobierno derrocado. Cuando mucho se le critica su ingenua confianza en Victoriano Huerta, o su caritativa generosidad al conmutar la pena de fusilamiento que correspondía a Bernardo Reyes y a Félix Díaz, militares aprehendidos en plenos actos de rebeldía. El verdadero problema de Madero no fue su ingenuidad sino su debilidad, no personal sino una gravísima debilidad institucional. En aquel momento, la segunda mitad de 1912 y principios de 1913, cuando la incipiente democracia mexicana fue seriamente amenazada, la democrática actitud –léase independiente– de la democrática XXVI Legislatura –léase plural– resultó, paradójicamente, contraria a la consolidación de la democracia. Algo parecido puede decirse de la prensa de aquellos días. Su crítica furibunda no fortaleció el sistema democrático, pero sí debilitó gravemente el gobierno de Madero. Por último, los grupos populares antimaderistas, tanto zapatistas como orozquistas, tampoco funcionaron como un sano contrapeso a un gobierno encabezado por un miembro de la oligarquía. Aunque socialmente justa, su lucha fue políticamente torpe, pues debilitó seriamente a un gobierno democrático. El costo de aquella miopía política fue padecer durante un año y medio la devastadora conducta de los generales huertistas en Morelos. Hoy la izquierda social y política que representa a la mayoría de los movimientos populares debería actuar con enorme perspicacia: oponerse sin debilitar al aparato gubernamental, del que, por cierto, forma parte, en el Legislativo –nacional y estatales– y en dos niveles del Ejecutivo, gubernaturas y presidencias municipales.

La guerra

Concluyo con dos reflexiones: para enfrentar una guerra, piénsese en la que tuvimos contra Estados Unidos entre 1846 y 1848, o en la Intervención francesa sufrida dos decenios después. Puede pensarse también en la multitud de rebeliones y revueltas del siglo XIX, e incluso en la lucha maderista de 1910 y 1911, cuando Porfirio Díaz ya había perdido su vigor, eficacia y legitimidad. Para que el resultado de una guerra sea exitoso se requiere de muchos factores. Uno de ellos, imprescindible, es contar con un Estado central fuerte y legitimado, y México careció de él durante casi todo el siglo XIX, especialmente en su primera mitad. De allí que pareciera que el país estaba en vilo, próximo a perder su territorio o su soberanía; de allí también que el gobierno central no pudiera cumplir con sus obligaciones financieras internacionales o que estuviera a merced de cualquier caudillo regional. Sobre todo, durante la mayor parte del siglo XIX el Estado central fue incapaz de alinear a las fuerzas estatales y locales en pos de los intereses nacionales.

Otros dos elementos imprescindibles para obtener el triunfo en cualquier guerra son reducir el volumen del enemigo y aislarlo social y geográficamente: no dejar que el conflicto se expanda a otros sectores o a otras regiones. Así fue vencida, en términos militares, la rebelión cristera, padecida durante tres sangrientos años –a finales de los años veinte– en el centro-occidente del país. También debe considerarse que toda guerra tiene elementos militares, políticos, económicos, sociales y culturales. Si en el aspecto político fueron vencidos los cristeros, ya que sobrevivieron el Estado central mexicano y la Constitución de 1917, en términos culturales los triunfadores fueron los cristeros, pues se tuvo que aceptar que la sociedad mexicana conservara sus formas de religiosidad tradicionales.

Pensemos ahora en la actual guerra contra el crimen organizado, en la llamada por muchos, ilustrativa y significativamente, guerra de Calderón. Ha sido una guerra enfrentada por el Ejecutivo pero no por todo el Estado mexicano. Para comenzar, muchos gobernadores y presidentes municipales se mantuvieron totalmente al margen del conflicto, sin colaborar en su combate, lo que fue una manera de ayudar a los delincuentes. En el Poder Legislativo, Calderón sólo fue apoyado por los legisladores de su partido. En cambio, para enfrentar a los cristeros el gobierno de Plutarco Elías Calles contó con el apoyo monolítico de toda la clase política, y con el apoyo de los sectores sociales organizados, como las Ligas Agraristas estatales o la CROM, entonces la única central obrera de alcance nacional. A diferencia de aquello, el presidente Calderón tampoco contó con el respaldo de la sociedad organizada: ¿incapacidad suya?, ¿miopía colectiva y generalizada? Muchos críticos han asegurado que al presidente Calderón le faltó la estrategia adecuada para enfrentar la guerra contra el crimen organizado. A mí me parece igualmente importante no haber logrado convencer a la sociedad de que la guerra no era sólo suya. Sin embargo, la miopía social es inocultable: la generalizada afirmación de que todos los miles de muertos son "víctimas" es la mayor prueba de ello.

Regresemos, para concluir, a nuestra próxima efemérides relevante: los 100 años de la Decena Trágica. Su principal lección es que en política no es suficiente tener buenas intenciones. Madero intentó introducir la democracia en el país, pero su fracaso más bien pospuso la democratización de nuestro sistema político. Después de él, sus sucesores, de Venustiano Carranza en adelante, no aceptaron tener un Poder Legislativo autónomo; tampoco aceptaron la soberanía que corresponde en los regímenes democráticos a los poderes estatales y locales; lo mismo puede decirse de las organizaciones sociopolíticas, desde entonces subordinadas al Presidente en turno. Mucho menos toleraron la libertad de expresión, so pretexto de que las críticas podían erosionar el prestigio del Presidente, debilitando así el aparato gubernamental. La Decena Trágica nos deja otra lección: que la política juzga de inmediato y que la historia lo hace desde una perspectiva larga. De esta forma el fallido presidente Madero es, al mismo tiempo, un extraordinario personaje histórico. Así les pasará a otros políticos recientes, juzgados hoy desde la inmediatez o, como decimos los mexicanos, todavía "con los ánimos caldeados"; ya les llegará el juicio de la historia, más sereno, cuando el tiempo y la información permitan hacer una evaluación más equilibrada.

Paciente lector: recuerda que la historia trata del ayer, y la política, del hoy. Sólo los estadistas piensan en el mañana. El político tiene que resolver sus problemas a partir de la calidad de su diagnóstico y de su capacidad para concitar apoyos y adhesiones. Aunque en ocasiones tendrá incluso que acudir a su intuición, el conocimiento de la historia siempre le será benéfico.

Por Javier Garciadiego, Periódico Reforma, 6 de Enero del 2013

El autor es presidente de El Colegio de México

Mi carta a los Reyes Magos (y a los Pinos), por María Elena Morera

posted 5 Jan 2013, 16:46 by Meriposa World   [ updated 5 Jan 2013, 16:47 ]

Queridos Reyes Magos, sabemos que los proyectos de gobierno que nuestras autoridades han dispuesto para el 2013 se pueden quedar igual que los buenos propósitos que hacemos al comienzo de cada año, sin cumplirse. Así que les pedimos su ayuda para que nos concedan unos cuantos deseos:

1. Que el Presidente Peña Nieto recuerde todos los días del año que fue elegido para mejorar la vida de los ciudadanos y que nos prometió un México próspero y en paz.

2. Que se haga justicia a las víctimas. Deseamos que Jesús Murillo Karam haga lo necesario para investigar los homicidios, encontrar a las personas desaparecidas y llevar a juicio a los responsables. Ningún dolor es mayor que el perder un hijo, no hay duda. Además que reflexione en la posibilidad de cerrar la cortina de PGR y abrir una nueva institución, seguramente ya abrió el regalo y está viendo el cochinero que le dejaron.

3. Que bajen la violencia y los delitos de alto impacto. Para Miguel Osorio llevarse la SSPF a Segob es un bonito regalo acompañado de muchos recursos económicos y juguetes (aviones, helicópteros) pero también de retos. Por ejemplo, para consolidar los cimientos de la PF, encargo que tiene un hombre con buena fama pública el doctor Mondragón, no vemos que hayan aparecido en el paquete los operadores civiles con conocimientos y con exámenes aprobados. En seguridad ciudadana preocupa especialmente la Gendarmería. De inicio parece una buena idea pero puede resultar un pésimo regalo para los ciudadanos porque falta que estos soldados pasen los controles de confianza, que tengan equipos logísticos y técnicos, que tengan áreas de análisis y equipos de monitoreo entre otros accesorios no menores. Parece un sinsentido, porque con todo esto ya cuenta la PF y ahora pretenden iniciar de cero además que los militares cometieron el mayor número de violaciones a los derechos humanos en el sexenio pasado.

4. Que el Programa Nacional de Prevención del Delito sirva para recomponer el tejido social. De inicio, será importante ver un diagnóstico, línea estratégica, programas por realizar y resultados esperados. De otra forma sólo se quedará en buenos propósitos de Roberto Campa.

5. Que la prórroga de 10 meses que el Poder Legislativo les concedió de regalo navideño a los gobernadores para terminar las evaluaciones de confianza a sus policías sea cumplida. Deseamos también se cumplan con el Sistema de Desarrollo Policial, porque sin éste, el control de confianza ni regalado es suficiente.

6. Que la Cédula de Identidad sea una realidad. Con ella evitaríamos el robo de identidad, el robo de niños y será más fácil identificar a las personas fallecidas en hechos violentos, entre otros beneficios que hasta hoy nuestras autoridades nos han negado.

7. Que se establezca el compromiso 96 en el Pacto por México: una política pública que fortalezca las diversas formas de participación ciudadana y que fomente a las organizaciones de la sociedad civil mediante la simplificación de trámites y requisitos para su constitución.

8. Que bajen los índices de corrupción. Queremos que todos nuestros deseos vengan envueltos en transparencia, rendición de cuentas y una fecha límite de entrega.

Sabemos que nuestros queridos Reyes Magos andan muy atareados y hasta cierto punto preocupados de andar en las calles de nuestro México violento, por ello prometemos ayudarles a vigilar que los políticos cumplan. En este 2013 realizaremos un balance de los primeros 100 días de los logros del actual gobierno, y una primera evaluación en el aniversario del Pacto por México. Avanzaremos en los diálogos y acuerdos de los gobernadores sobre seguridad, educación, construcción de ciudadanía y transparencia y reforzaremos el monitoreo de la profesionalización de las policías.

Como no todo lo puede ni lo debe hacer la autoridad reconocemos que la construcción de ciudadanía y la cultura de legalidad también son tareas ciudadanas y por ello, con la participación de otras OSC y de miles de ciudadanos abriremos el programa Más de Uno para revitalizar espacios públicos, la cultura musical con Horacio Franco en escuelas y la convocatoria para la segunda emisión del certamen Te doy tres por México, entre otros programas.

Queridos Reyes Magos, confiamos que con el apoyo de los ciudadanos, los deseos serán una realidad y que ustedes, nos ayudarán a renovar nuestra esperanza en el año que comienza. ¡Feliz año!

me.morera@causaencomun.org.mx

Por María Elena Morera (Presidenta de Causa en Común), El Universal, 5 de Enero del 2013

Ver por México, por Don Luis H. Álvarez

posted 25 Nov 2012, 08:10 by Meriposa World   [ updated 25 Nov 2012, 08:15 ]

La coyuntura que vive el país es de la mayor relevancia y requiere, sobre todo, la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos, que mal haríamos en considerar ajenos a nuestra vida cotidiana.

Lamentablemente, las personas que muestran animadversión o recelo por la actividad política asumen correcta la actitud de "no meterse" en ella; pero ésta, de una u otra manera, se mete con todos sin excepción. Ello obliga a estar alerta en forma permanente y a actuar en el debido momento, en el sentido que se considere necesario.

A unos días de una nueva transición en la Presidencia de la República, se me pide una opinión, palabras más o menos, sobre "los 12 años de panismo", acerca de los "saldos de la alternancia" y se me adelanta que se incluirán, eventualmente junto a estas líneas, diversos textos críticos sobre los gobiernos del PAN. Siempre he considerado adecuada la crítica. Sin ella difícilmente se puede avanzar. Es importante evaluar qué pasó durante los dos sexenios anteriores, sin duda alguna. Qué se hizo mal o qué faltó por hacer. Una ponderación justa deberá registrar también resultados positivos.

Confío que el PAN realizará adecuadamente su proceso de reflexión. Hay frente a sus militantes la espléndida oportunidad de repensar las motivaciones originales de su participación en la actividad pública. De ese proceso surgirá un PAN nuevamente fortalecido. La ocasión está abierta también, obviamente, para los diferentes partidos políticos. No hay uno que deba considerarse exento de autoanálisis.

Pero, más importante que la suerte de una fuerza política, cualquiera que ésta sea, es el destino de la nación. México es más grande que cualquiera de sus partes. Y su corazón debe latir intensamente en el pecho del pueblo, en sus legítimos anhelos y esperanzas.

Por ello, más allá de la calificación o descalificación de tal o cual partido o actor político, es indispensable que valoremos lo que hemos hecho o dejado de hacer como ciudadanos para que en nuestro país haya las condiciones actuales; las cuales, desde luego, tienen aristas positivas y negativas, que es obligado apreciar objetivamente. No nos quedemos sólo en lo que hizo mal o dejó de hacer tal o cual gobierno o gobernante, tal o cual partido político. Preguntémonos qué hemos hecho nosotros mismos antes, durante y después de la primera alternancia en el gobierno federal para hacer que nuestro país sea un mejor hogar para todos.

He dicho que México es más que una sus partes, pero es también la suma de todas ellas. La pluralidad de México es un hecho incontrovertible. Ante los grandes retos que enfrenta la nación ningún esfuerzo se debe soslayar. Todas las aportaciones valen. México debe contar con todos sus ciudadanos y con todas sus fuerzas políticas. Y la ciudadanía debe estar siempre vigilante y actuante para que se siga el camino correcto. 

Veo señales promisorias en expresiones de jóvenes estudiantes; en los trabajadores que buscan la democratización de sus gremios; en las mujeres que perseveran por lograr equidad; en los grupos marginados que se organizan para superar inadmisibles condiciones de pobreza y exclusión; en los pueblos indígenas que alzan su voz contra el olvido del que han sido víctimas.

Es tiempo de superar en la actividad política las motivaciones de resentimiento o encono, porque ello sólo obra en detrimento de los mexicanos todos. Más allá de evaluar los méritos o insuficiencias de los partidos políticos (tarea que por otra parte debe realizarse con impecabilidad) debemos examinar de manera conjunta las oportunidades que tiene nuestro país para su desarrollo interno y para su mejor inserción en la comunidad de naciones. Creo en la actividad política como una magnífica oportunidad de construir acuerdos, mediante el diálogo franco, honesto y sincero.

Debemos apreciar, en esta hora de cambios, la oportunidad que tenemos para hacer posible la plena instauración de condiciones de democracia y justicia, y con ellas la posibilidad de construir un mejor porvenir generalizado. Una actitud así jamás conocerá la derrota.

El presente es de lucha y esperanza. Un mejor mañana es posible si sus bondades son para todos.

El autor es ex candidato presidencial y ex dirigente nacional del PAN. Medalla Belisario Domínguez 2010.

Por Don Luis H. Álvarez, Colaborador Invitado de Periódico Reforma, 25 de Noviembre del 2012

Segob a cargo de la seguridad: una propuesta contraproducente, por Fernando Gómez Mont

posted 23 Nov 2012, 09:42 by Meriposa World   [ updated 23 Nov 2012, 09:50 ]

El tema que me ocupa es la intervención de las autoridades políticas, especialmente la Secretaría de Gobernación, en materia de seguridad. El tema fue objeto de las preguntas que algunos ciudadanos preocupados por el devenir del país formularon a los candidatos durante la reciente campaña presidencial.

La pregunta en cuestión formulaba una hipótesis: ¿Estaría de acuerdo en crear (...) una secretaría de Estado que se ocupe de todas las fuerzas civiles y tareas de seguridad sin funciones políticas? El entonces candidato Enrique Peña Nieto contestó: "(...) Por otro lado, actualmente ya existe la Secretaría de Seguridad Pública que tiene a su cargo la Policía Federal, a lo cual sumaré la Gendarmería Nacional.

Lo importante es crear mecanismos legales y operativos para incrementar la coordinación y cooperación en tiempo real de las distintas instituciones, de ahí la necesidad de crear un Centro de Fusión de Inteligencia y un Centro Nacional de Control y Comando". Dichas respuestas nos indujeron a muchos a creer que la reforma institucional en materia de seguridad pública se centraría en la dependencia encargada de esta materia y su transformación hacia lo que se ha denominado como una Secretaría del Interior. Sin embargo, la propuesta de reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal presentada por los legisladores del PRI en la que se plantea la fusión de las Secretarías de Gobernación y Seguridad Pública contradice profundamente esta percepción.

La experiencia de quien escribe afecta la perspectiva con la que se trata el tema. Me preocupa que la reforma planteada sea inoperante en los hechos, y más me preocupa que resulte contraproducente. En mi opinión la principal tarea del Secretario de Gobernación en nuestro régimen político es operar el principio de autoridad presidencial frente a los otros poderes constitucionales que, dicho sea de paso, cada vez se asumen más como eso, como potestades públicas reguladas de las cuales se espera que ejerzan sus atribuciones y competencias. La necesidad de administrar las relaciones del Poder Ejecutivo con el Legislativo y el Judicial al tiempo de representar a dicho poder frente a los Poderes Estatales y Municipales es una función que exige la mayor de las discreciones y la más desarrollada de las sensibilidades. Constantemente se tienen que procesar conflictos que derivan del ejercicio simultáneo de tales poderes y permanentemente se debe gestionar la cooperación y colaboración entre los mismos. Si a este contexto se añade la gestión directa de las fuerzas de seguridad federal, se incorpora un elemento de conflictividad adicional, más perturbador que conciliador.

Un principio razonable de división del trabajo aconseja que quien coordina no sea a su vez coordinado, a fin de estar por encima de las diferencias que existen y existirán siempre entre instituciones que cooperan pero que también compiten entre sí. Ignorar el diferente desarrollo que existe entre nuestras fuerzas de seguridad y los antecedentes que lo han marcado puede llevar a subestimar el grado de conflictividad que tiene que ser cotidianamente administrado desde la política. No es lo mismo el desgaste institucional al que han sido sometidas nuestras Fuerzas Armadas, constantemente vinculadas a tareas de seguridad, que el que han sufrido nuestra Marina o nuestra Policía Federal. El que el Secretario de Gobernación sea el responsable de gestionar a las fuerzas de seguridad civil lo va a desgastar frente a las otras instituciones en la materia, y la solución tendrá que descansar exclusivamente en el Presidente de la República. No es un tema menor y sacrifica innecesariamente a un nivel de gobierno que tiene como función principal precisamente preservar la integridad de la autoridad presidencial.

Por otra parte, la incorporación del esquema de la Gendarmería Nacional que sólo puede existir mediante una escisión ordenada y razonable de nuestras Fuerzas Armadas agrega un elemento a la problemática. Las tareas de profesionalización y capacitación de nuestras fuerzas de seguridad pasan por una necesaria exposición al control social de los responsables en estos temas y por una aconsejable estabilidad en los mandos. Tales atributos no le pueden ser ofrecidos al Secretario de Gobernación que, en su fungibilidad, muchas veces presenta su mayor aportación al sistema político, y en la discreción de su trabajo, su mejor eficacia.

Por ultimo, tareas fundamentales para el desarrollo político del país como la consolidación democrática y el fortalecimiento de los derechos humanos constantemente se ven afectados por el legítimo uso de la fuerza estatal. La confusión de ambas agendas resulta peligrosa e inquietante en la gestión de una gobernabilidad democrática. Si se quiere fortalecer a la Secretaría de Gobernación y con ello a la institución presidencial, debe despojársele de funciones que no se justifican como la de juegos y sorteos, que debieran pasar al área económica, y encomendarle tareas como la gestión de la agenda de justicia, que precisamente civiliza la solución de conflictos entre los gobernados y los que se sostienen con y entre los poderes públicos.

Lo cierto es que nos falta información sobre las intenciones y visiones que justifican esta iniciativa de reforma, y que la necesaria bienvenida a la nueva Administración obliga a un espíritu constructivo que facilite la gestión de la visión que prevaleció en las pasadas elecciones. Sin embargo, esta colaboración no puede ni debe ser acrítica, sobre todo en un tema que por nuestro pasado remoto y reciente genera muchas inquietudes.

Por Fernando Gómez Mont, ex Secretario de Gobernación, 23 de Noviembre del 2012

Lecciones de la Reforma Laboral, por Juan Ignacio Zavala

posted 28 Oct 2012, 09:30 by Meriposa World   [ updated 28 Oct 2012, 09:31 ]

El resultado de la votación de la reforma laboral en el Senado es distinto para las fuerzas políticas. Cada una realizó sus apuestas, decidió sus discursos y jugó fuerte. El resultado está a la vista: los ciudadanos vimos una sesión histórica por muchos motivos. Fue histórica porque no faltó ninguno de los legisladores; fue histórica porque todos los senadores votaron, y fue histórica porque se le dio un golpe a esa vergüenza nacional que es el charrismo sindical.

La izquierda, que siempre tiene un pie en el corporativismo, medio pie en el rescate de la dinosáurica disponible y otro medio pie en la sonrisa ante las izquierdas modernas, logró tener un planteamiento concreto y acudió en un bloque firme a dar el debate y garantizar su votación. Lo más seguro es que esa operación no fuera sencilla. El cúmulo de grupos e intereses que se dan cita en las bancadas de la izquierda son para dejar estupefacto a cualquiera. Quizá en el Senado porque son menos, porque hay talento en varios de ellos (Alejandra Barrales dio una gran batalla en todo el proceso), o porque quisieron probarse a sí mismos como grupo, supieron mantenerse firmes y esperar el resultado. La izquierda en el senado dio muestra —y se dio cuenta— que se logra más al participar en el debate con argumentos que con tomas de tribuna, pancartas y mentadas de madre.

Por su parte, el PAN tuvo varios logros. Salir del golpe del tercer lugar en las elecciones no es cosa fácil ni rápida, pero los senadores panistas lograron darle a su postura en la reforma laboral una dimensión que no es la del derrotado. La decisión panista, anunciada con días de anticipación, le generó una fuerte animadversión del peñismo-salinismo y sus jilgueros que, en ataques de histeria, anunciaban que el panismo en el Senado traicionaba a todos, que perdería todo y que sería el culpable de todo. Nada de eso pasó. La bancada panista en el Senado supo hacerse un solo cuerpo, dejar atrás las diferencias y entender que estaban ante no solo una oportunidad, sino ante un deber histórico. Las presiones a los panistas llegaron por todos lados: el chantaje, la amenaza, los posicionamientos de los grupos empresariales, el columnazo, el periodicazo. Pero los panistas no se dejaron. Se mantuvieron en lo que habían decidido. Tenía tiempo que el panismo en general no veía a sus legisladores librar una batalla de ese tamaño. Y lo hicieron bien, y a cambio tienen un grupo cohesionado, el aplauso de los que los apoyaron , el respeto de los que dudaban y el silencio de quienes los atacaban.

El PRI no salió muy bien librado. A pesar de la enorme campaña que realizó para acorralar a la oposición, terminó votando a favor de la transparencia en los sindicatos ante el temor de perder la batalla en la opinión pública. El PRI se enfrentó a sus propios engendros pues los tiene en su propia bancada senatorial; se enfrentó a sus inconsistencias y exhibió al presidente electo como un hombre amenazado por neandertales de su propio partido. Fueron vencidos en su reestreno en el poder. Quisieron ser de nuevo oposición —lo que han hecho los últimos 12 años en el ámbito legislativo federal— y no pudieron. Si Gamboa y Beltrones fueron el dúo dinámico en ese periodo de oposición, en un futuro pueden ser como Manolín y Shilinsky.

Por Juan Ignacio Zavala, Milenio, 28 de Octubre del 2012

Twitter y el espejo de Blancanieves, por Pablo Latapí

posted 26 Oct 2012, 04:49 by Meriposa World   [ updated 26 Oct 2012, 04:50 ]

La predicción tuitera falló y Enrique Peña Nieto no perdió las elecciones.

El próximo 1 de diciembre estará tomando posesión como flamante presidente de México.

Una vez superada la decepción, casi depresión, de los #YoSoy132, simpatizantes y anexas ya que Enrique Peña Nieta no perdió la elección el 2 de julio, a pesar de que vía sus tuits y retuits ellos estaban convencidos que así sería, me gustaría compartir un par de reflexiones del porqué eso que parecía una realidad incuestionable para quienes se sentían mayoría absoluta en nuestro país no sólo no ocurrió, sino que la diferencia entre el candidato presidencial ganador y su más cercano oponente fue bastante significativa.

Es importante tomar en cuenta que toda esa sensación de que Peña estaba perdido se dio precisamente en la red de Twitter. Mensajes iban y venían celebrando ya la hecatombe del priísta. Pero si bien Twitter es mucho más de lo que muchos creemos, también es mucho menos de lo que los tuiteros mexicanos pensaron.

Se calcula que en México existen 15 millones de tuiteros, de los cuales el 65 % tiene menos de 35 años, pero la mitad de ellos tiene menos de 18 años, por lo que no votaron.

Se achica el universo de posible influencia de movimientos como éste.

Quedó de manifiesto que los jóvenes en México son muchos más que los que estuvieron tuiteando y retuiteando contra Peña, y aún dentro de los usuarios de la red, quienes simpatizaron y votaron por él prefirieron estar calladitos y ser observadores.

En el caso de los #YoSoy132, simpatizantes y anexas, cuando vemos el número de seguidores que tienen los que eran los activistas más entusiastas del movimiento en la red tenían, en el mejor de los casos, 200 mil seguidores, pero la gran mayoría no pasaba de cinco mil cada uno. Y los seguidores de los tuits, y aquellos que los retuiteaban, eran siempre los mismos, era el mismo universo que se retroalimentaba a si mismo convenciéndose que Peña perdería la elección. Y eran ellos mismos los que se hablaban y se escuchaban, como el espejo de la madrastra en el cuento Blanca Nieves al que la mujer le preguntaba quién era la más bonita y el espejo siempre contestaba que ella.

Se sigue achicando ese universo.

Si se revisa a quiénes siguen la mayoría de los usuarios de Twitter en México encontraremos que el interés está en personajes como Anahí, Paulina Rubio, Thalía y Chespirito. Los tuiteros están más al pendiente de lo que tuitean Polo Polo, Omar Chaparro y Yordi Rosado, que de los activistas políticos.

Y existe otra particularidad de Twitter en México que lo hace cualitativamente diferente a otros países, especialmente los desarrollados. La gran mayoría de los tuiteros que suelen conformar movimientos como #YoSoy132, simpatizantes y anexas, no dan la cara. Emplean identificaciones o avatares falsos, sus comentarios son anónimos, lo que por muy ingeniosos que sean sus tuits les restan credibilidad y confianza. Y mientras Twitter en nuestro país siga siendo un circo para enviar “graffitis virtuales” y mentadas anónimas podrá ser muy escandaloso pero jamás podrá ser factor determinante en la toma de decisiones de quienes siguen esta red.

Por Pablo Latapí Ortega, I, 26 de Octubre del 2012

Con 3.3 millones de votos: ¿quién manda a quién?

posted 21 Oct 2012, 08:00 by Meriposa World   [ updated 21 Oct 2012, 08:00 ]

Esa cifra fue la diferencia entre el primer y el segundo lugar en las pasadas elecciones presidenciales en México. El 1o. de julio, Enrique Peña Nieto se convirtió en el candidato más votado en la historia de la democracia mexicana.

Es la victoria más holgada de un aspirante presidencial desde 1994. El alud de sufragios debería representar un acervo de capital político que le permitiera al Presidente electo tomar distancia de aliados incómodos e impresentables. El inminente mandatario ha insistido que su gobierno no representará una vuelta al pasado. Sin embargo, en el tema de la reforma laboral, la agenda del PRI ha sido determinada por los liderazgos sindicales heredados del viejo régimen. Al parecer los 3.3 millones de votos que le permitieron ganar la Presidencia no fueron suficientes para obtener el poder.

Hace un mes Peña Nieto afirmó que "un presidente no tiene amigos". Hoy el PRI está dispuesto a descarrilar la reforma económica más importante en varios sexenios, a cambio de preservar la opacidad en las elecciones y las finanzas sindicales. Esa manifestación de lealtad es una consideración que sólo se le concede a las amistades indispensables. La iniciativa de reforma laboral que presentó el presidente Felipe Calderón no le exige a los líderes sindicales que donen un riñón o acepten concesiones desmesuradas. Simplemente se pretende que el principio del voto libre y secreto sea la base de la democracia sindical. La iniciativa preferente, en su forma original, buscaba que los trabajadores tuvieran información básica sobre el uso y destino de las cuotas que entregan a sus líderes. Estas propuestas, que causan tanto escozor a los caciques del sindicalismo nacional, son las normas y hábitos de conducta de cualquier organización gremial en un país civilizado.

La reforma laboral contiene avances muy importantes en el ámbito económico que permitirán vigorizar a las Pymes y reducir la informalidad. La propuesta también fortalece los derechos laborales de las mujeres y amplía las oportunidades de los jóvenes que no encuentran alternativas de empleo en la economía formal. Como sostiene Manuel Molano, director adjunto del IMCO, el límite al pago de los salarios caídos en los juicios laborales ya es un cambio estructural que implica importantes beneficios al país. Todos estos elementos de la reforma están en riesgo de quedarse en el pantano porque los priistas son amigos leales de las mafias sindicócratas y los senadores panistas parecen demasiado adversos al pragmatismo.

La política no es un oficio fácil que permita construir escenarios ideales. El presidente Calderón no logró doblegar a sus adversarios. El presidente Peña Nieto no quiso o no pudo confrontarse con sus aliados. México se encuentra ante una disyuntiva vergonzosa y complicada: hay que ceder ante las presiones de los charros sindicales para que logren sobrevivir los preceptos de racionalidad económica en la reforma laboral. El dilema nos debería de dar náuseas.

Ojalá que los senadores del PAN aprueben la reforma laboral que enviaron los diputados porque esta iniciativa podría mejorar las posibilidades de empleo de millones de mexicanos. Sin embargo, no debemos perder de vista que el costo de avanzar la iniciativa en su parte económica, implica una claudicación ante la corrupción y el autoritarismo de los charrosaurios.

Las aspiraciones modernizadoras del presidente Peña Nieto han sido diluidas y atemperadas por la fuerza de sus propios aliados. ¿Quién manda a quién? Las cadenas de mando y autoridad entre el viejo sindicalismo y el nuevo gobierno no están del todo claras. Tres millones de votos no fueron suficiente capital político para ganar autonomía de decisión frente a las fuerzas del pasado.

Por Juan E. Pardinas, Periódico Reforma, 21 de Octubre del 2012

Barack Obama y Luis Echeverría

posted 9 Sep 2012, 15:49 by Meriposa World   [ updated 9 Sep 2012, 15:51 ]

Al presidente (y ahora candidato) Obama le preocupan los pobres, le disgustan las empresas grandes y cree que el gobierno puede solucionar todos los problemas. Por encima de todo, rechaza la importancia de la creatividad empresarial, sataniza la creación de riqueza y considera que la confrontación social es un instrumento útil para avanzar su proyecto económico, social y político. Me recuerda cada día más a Echeverría, un presidente lleno de buenas intenciones que acabó por destruir todo lo que funcionaba bien en el país.

La economía mexicana ya venía mostrando signos de debilidad desde mediados de los sesenta. 1965 fue el último año en que el país exportó maíz, uno de los muchos granos y productos minerales cuyas exportaciones financiaban la importación de insumos para la industria. La economía requería cambios estructurales para mantener su ritmo de crecimiento y satisfacer las necesidades de la población. Dentro del gobierno se desató un agudo debate sobre cómo responder y muy rápido se conformaron dos visiones: una, la de quienes proponían un proceso de liberalización gradual que no pusiera en riesgo la supervivencia de la industria sino que le diera viabilidad de largo plazo; y otra, que proponía un fuerte estímulo a la economía por medio del gasto público. Echeverría enarboló la segunda y utilizó al movimiento estudiantil de 1968 para cambiar la lógica del gobierno, subordinar a la sociedad y crear un clima de antagonismo contra el sector privado.

El crecimiento del gasto público no se hizo esperar y para el cuarto año era ya casi cuatro veces superior al de 1970. Con la explosión del gasto se multiplicaron las secretarías, empresas públicas y fideicomisos. Además, se modificaron regulaciones y se aprobaron leyes, todas las cuales tenían por objetivo afianzar la presencia de la burocracia en las decisiones económicas, limitar el ámbito de actividad del sector privado y reducir al mínimo la presencia de la inversión extranjera.

En unos cuantos años, Echeverría modificó el perfil de la economía pero también de la sociedad. El crecimiento del gasto deficitario y del gobierno trajo consigo dos males que tomaron décadas en resolverse: la deuda externa y la inflación. Por otro lado, Echeverría inauguró un estilo retórico que no había sido parte de la política mexicana en más de medio siglo: la lucha de clases. Como parte de lo anterior, modificó los libros de texto para incorporar su filosofía política, factor que sembró las semillas de la confrontación que vivimos activamente hasta el día de hoy. Su estrategia de confrontación permanente con el empresariado destruyó la legitimidad de los empleadores y únicos creadores de riqueza, e inició quizá el peor de los males que dejó como legado: la desconfianza. El resultado de su gestión fue inflación, crisis y una sociedad profundamente dividida.

Toda proporción guardada, Obama está teniendo el mismo efecto en su sociedad. Tratándose de una nación plenamente institucionalizada, el impacto de un presidente estadounidense es mucho menor en su país de lo que eran los presidentes (casi) omnipotentes en el nuestro; sin embargo, Obama se ha dedicado a sembrar el mismo tipo de conflictividad que Echeverría hizo en México.

Lo que pase en EU tiene consecuencias: nuestras exportaciones a ese país son el principal motor de nuestra economía. De debilitarse su tradición pro-empresarial disminuiría su crecimiento y los mexicanos sufriríamos las consecuencias. Sin aprobación social, la creación de riqueza se torna imposible porque nadie está dispuesto a tomar riesgos en un contexto hostil.

Aunque no cabe duda de que Obama recibió una crisis económica de enormes dimensiones, su desempeño en estos cuatro años ha sido desastroso: en lugar de atender las causas de la crisis, se ha dedicado a dispendiar los recursos destinados a estimular el crecimiento y a pelearse con sus contrincantes políticos, pero sobre todo atacar a los únicos potenciales creadores de riqueza: los empresarios.

Parte del actuar del presidente estadounidense refleja su falta de experiencia como político. Por ejemplo, en lugar de controlar el uso del dinero que se destinó al estímulo económico, dejó que la entonces líder del congreso hiciera de las suyas y repartiera los fondos de poco más de un trillón de dólares (equivalente al 100% del PIB mexicano) entre sindicatos, grupos afines y proyectos favoritos de su contingente legislativo. Lo anterior no es bueno ni malo, excepto que los proyectos que típicamente le gustan a los políticos y a los grupos de interés normalmente no son los más productivos o los que, en palabras de los economistas, tienen el mayor efecto multiplicador. Quienes defienden el actuar de Obama dicen que no haber emprendido ese monto de gasto hubiera provocado un colapso económico.

Como es imposible probar lo que no ocurrió, la sociedad americana se la vive disputando a) si debe haber un nuevo paquete de estímulo; b) si debe atenderse el brutal crecimiento de la deuda pública; o c) si deber revisarse toda la estructura de la economía. El debate estadounidense no es muy distinto, en concepto, al que ha caracterizado a México desde finales de los sesenta.

Como decía Milton Friedman, los programas públicos deben evaluarse por sus resultados y no por sus intenciones. El resultado de la gestión de Echeverría fue desastroso: décadas de antagonismo, casi hiperinflación, un gobierno ineficiente y la legitimación del conflicto como estrategia de lucha permanente. El resultado de la gestión de Obama todavía está por verse pero no me queda ni la menor duda de que ha incorporado un elemento novedoso en la política estadounidense: el de la lucha de clases.

Para observadores privilegiados como Lipset y De Tocqueville, lo que ha distinguido a los estadounidenses en sus más de dos siglos de existencia es su excepcional capacidad para adaptarse y asimilar personas e ideas, así como la creencia en la igualdad de oportunidades que legitima su vitalidad empresarial. Obama está amenazando eso que Echeverría enterró: la credibilidad de quienes pueden hacer posible transformar a su país.

Por Luis Rubio, Periódico Reforma, 9 de Septiembre del 2012

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