Lecciones de la Reforma Laboral, por Juan Ignacio Zavala

posted 28 Oct 2012, 09:30 by Meriposa World   [ updated 28 Oct 2012, 09:31 ]

El resultado de la votación de la reforma laboral en el Senado es distinto para las fuerzas políticas. Cada una realizó sus apuestas, decidió sus discursos y jugó fuerte. El resultado está a la vista: los ciudadanos vimos una sesión histórica por muchos motivos. Fue histórica porque no faltó ninguno de los legisladores; fue histórica porque todos los senadores votaron, y fue histórica porque se le dio un golpe a esa vergüenza nacional que es el charrismo sindical.

La izquierda, que siempre tiene un pie en el corporativismo, medio pie en el rescate de la dinosáurica disponible y otro medio pie en la sonrisa ante las izquierdas modernas, logró tener un planteamiento concreto y acudió en un bloque firme a dar el debate y garantizar su votación. Lo más seguro es que esa operación no fuera sencilla. El cúmulo de grupos e intereses que se dan cita en las bancadas de la izquierda son para dejar estupefacto a cualquiera. Quizá en el Senado porque son menos, porque hay talento en varios de ellos (Alejandra Barrales dio una gran batalla en todo el proceso), o porque quisieron probarse a sí mismos como grupo, supieron mantenerse firmes y esperar el resultado. La izquierda en el senado dio muestra —y se dio cuenta— que se logra más al participar en el debate con argumentos que con tomas de tribuna, pancartas y mentadas de madre.

Por su parte, el PAN tuvo varios logros. Salir del golpe del tercer lugar en las elecciones no es cosa fácil ni rápida, pero los senadores panistas lograron darle a su postura en la reforma laboral una dimensión que no es la del derrotado. La decisión panista, anunciada con días de anticipación, le generó una fuerte animadversión del peñismo-salinismo y sus jilgueros que, en ataques de histeria, anunciaban que el panismo en el Senado traicionaba a todos, que perdería todo y que sería el culpable de todo. Nada de eso pasó. La bancada panista en el Senado supo hacerse un solo cuerpo, dejar atrás las diferencias y entender que estaban ante no solo una oportunidad, sino ante un deber histórico. Las presiones a los panistas llegaron por todos lados: el chantaje, la amenaza, los posicionamientos de los grupos empresariales, el columnazo, el periodicazo. Pero los panistas no se dejaron. Se mantuvieron en lo que habían decidido. Tenía tiempo que el panismo en general no veía a sus legisladores librar una batalla de ese tamaño. Y lo hicieron bien, y a cambio tienen un grupo cohesionado, el aplauso de los que los apoyaron , el respeto de los que dudaban y el silencio de quienes los atacaban.

El PRI no salió muy bien librado. A pesar de la enorme campaña que realizó para acorralar a la oposición, terminó votando a favor de la transparencia en los sindicatos ante el temor de perder la batalla en la opinión pública. El PRI se enfrentó a sus propios engendros pues los tiene en su propia bancada senatorial; se enfrentó a sus inconsistencias y exhibió al presidente electo como un hombre amenazado por neandertales de su propio partido. Fueron vencidos en su reestreno en el poder. Quisieron ser de nuevo oposición —lo que han hecho los últimos 12 años en el ámbito legislativo federal— y no pudieron. Si Gamboa y Beltrones fueron el dúo dinámico en ese periodo de oposición, en un futuro pueden ser como Manolín y Shilinsky.

Por Juan Ignacio Zavala, Milenio, 28 de Octubre del 2012

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